Estando en una de mis usuales visitas al dentista en Santiago, nos colamos con mi papá a una clínica privada cuya sala de espera era mucho más acogedora que las sillas plásticas de nuestra pequeña consulta. Con el vasito de cafe de máquina en la mano me instalé en uno de los amplios y cómodos sillones de la sala de espera de la UCI y me dispuse a estudiar mientras mi papá disfrutaba de las pantallas grandes de televisor. Poco tiempo después de que él se fuera se instaló un matrimonio anciano con su hijo de unos 40 años. Entre artículo y artículo escucho que la señora le pregunta a su esposo qué era lo que estaba estudiando a lo que le respondo que de la Consti. El resultado final fue que recibí una clase magistral de procesal de dos abogados profesores en una sala de espera y con otro café, pero esta vez financiado por los abogados.

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